Valencia es una ciudad con la fortuna de poder contar con la riqueza natural del Jardín del Turia. Me fascina esa independencia que ofrece el antiguo cauce: al descender a él, el ruido del tráfico desaparece y el bienestar nos envuelve. En mis cuadros urbanos, busco el deleite de los contraluces entre los árboles y el juego caprichoso de las sombras que se dibujan al filtrar la luz. Es una invitación a descubrir los múltiples rincones de calma y frescura que laten en el corazón de la ciudad y que varían según la hora en que lo visites.